La noche de los BAFTA se vistió de gala para celebrar lo mejor del cine británico e internacional, con resultados que mezclaron sorpresas, emociones y un toque de polémica. Entre los grandes triunfadores de la velada destacaron *Sinners* y *Frankenstein*, dos producciones que se llevaron tres premios cada una, consolidándose como las favoritas de la crítica. La primera, una épica de vampiros con tintes oscuros, arrasó en categorías clave: mejor guion original, banda sonora y actriz de reparto para Wunmi Mosaku, cuyo trabajo fue ovacionado por el público. Por su parte, la reinterpretación gótica de *Frankenstein*, dirigida por Guillermo del Toro, brilló con luz propia al imponerse en tres rubros técnicos, reafirmando el talento del cineasta para revivir clásicos con un estilo visual inconfundible.
El reconocimiento a lo mejor del cine británico recayó en *Hamnet*, la adaptación de la tragedia shakespeariana que explora el dolor de una familia tras la muerte de un hijo. La película, que había generado expectativa por su enfoque íntimo y desgarrador, fue coronada como la mejor producción nacional, un premio que muchos consideraron merecido por su narrativa conmovedora y su dirección impecable. Sin embargo, el momento más emotivo de la noche llegó con Jessie Buckley, quien, como se anticipaba, se llevó el premio a mejor actriz por su interpretación en *The Lost Daughter*. Su discurso, breve pero cargado de gratitud, resonó entre los asistentes, muchos de ellos estrellas de Hollywood que no dudaron en aplaudir de pie.
Pero no todo fue predecible. En una de las mayores sorpresas de la ceremonia, Robert Aramayo se alzó con el premio a mejor actor, superando a favoritos como Cillian Murphy y Timothée Chalamet. El intérprete, conocido por su papel en *El Señor de los Anillos*, dedicó el galardón a su familia y a los equipos detrás de las cámaras, destacando el esfuerzo colectivo que hay detrás de cada película. Otro momento memorable lo protagonizó el director de *Sinners*, quien, visiblemente emocionado al recibir el premio a mejor dirección, confesó: *”Esto es abrumador y maravilloso”*. Sus palabras capturaron el espíritu de una noche en la que el cine, en todas sus formas, fue el verdadero protagonista.
La alfombra roja fue un desfile de figuras icónicas. Desde Leonardo DiCaprio y Emma Stone hasta Ethan Hawke y Glenn Close, las estrellas se mezclaron con invitados inesperados, como el oso Paddington, cuya presencia generó risas y aplausos. El títere, protagonista de una adaptación musical del clásico infantil, robó miradas y corazones, recordando que el cine también es magia y fantasía. No obstante, la velada no estuvo exenta de tensiones. Un escándalo vinculado a la familia real británica eclipsó parte de la atención mediática, aunque los organizadores lograron mantener el foco en los premios.
Entre las películas más nominadas, *One Battle* llegó a la ceremonia con 14 candidaturas, incluyendo mejor película y reconocimientos para cinco miembros de su elenco. Aunque no se llevó tantos premios como se esperaba, su impacto en la temporada de premios es innegable. *Sinners*, con 13 nominaciones, le pisaba los talones, mientras que *Hamnet* y *Marty Supreme*, una peculiar odisea sobre el ping-pong, contaban con 11 cada una. Otras producciones destacadas fueron *Sentimental Value*, un drama familiar noruego que se llevó el premio a mejor película en lengua no inglesa, y *The Zone of Interest*, que, pese a no ganar en su categoría, dejó una huella imborrable por su crudeza narrativa.
Los BAFTA, considerados un termómetro clave para los Oscar, dejaron claro que este año el cine ha explorado temas profundos y dolorosos. Como señaló uno de los presentadores, *”ver las películas nominadas fue como participar en una crisis nerviosa colectiva”*. Desde el racismo hasta la violencia política, pasando por la pérdida de un hijo, las historias premiadas reflejaron las heridas de un mundo convulso. Sin embargo, también hubo espacio para la esperanza, el humor y la belleza visual, recordando que el séptimo arte sigue siendo un refugio para la humanidad en tiempos difíciles.
Con los Oscar a la vuelta de la esquina, las miradas ya están puestas en Hollywood. *Sinners* lidera la carrera con 16 nominaciones, un récord que la posiciona como la favorita para la gran noche. Pero más allá de los pronósticos, lo que quedó claro en los BAFTA es que el cine, en su diversidad y audacia, sigue siendo capaz de conmover, sorprender y, sobre todo, conectar con las emociones más profundas del público.














































































































































































































































