El estreno de la séptima entrega de la icónica franquicia *Scream* se vio empañado por una polémica que trascendió el terror cinematográfico para adentrarse en un debate mucho más urgente: el conflicto en Gaza. Mientras el elenco desfilaba por la alfombra roja, un grupo de manifestantes irrumpió con pancartas que exigían un boicot a Paramount, la productora detrás de la saga. “Paramount tiene una lista negra de actores que critican a Israel”, rezaba uno de los carteles, mientras otro llamaba directamente a “cancelar Paramount+”. El mensaje era claro: la indignación por la postura de la compañía ante la guerra en Medio Oriente había llegado hasta Hollywood.
El director Kevin Williamson, conocido por su trabajo en la franquicia, se refirió a las protestas con cautela. Aunque evitó profundizar en el tema, su silencio pareció hablar por sí mismo en un momento en que la industria del entretenimiento enfrenta crecientes presiones para tomar postura en conflictos globales. La tensión no era nueva para *Scream 7*. Meses atrás, la película había atravesado una crisis interna cuando Melissa Barrera, quien interpretó a Samantha Carpenter en los dos últimos filmes, fue despedida tras publicar en sus redes sociales mensajes críticos sobre la situación en Gaza. “Gaza está siendo tratada como un campo de concentración”, escribió la también estrella de *In the Heights*. “Acorralando a la gente, sin electricidad ni agua… La humanidad no ha aprendido nada de su propia historia. Y, al igual que entonces, el mundo observa en silencio. Esto es genocidio y limpieza étnica”.
El despido de Barrera desencadenó una reacción en cadena. Jenna Ortega, su coprotagonista y quien daba vida a Tara Carpenter, anunció poco después que abandonaba la saga. El director Christopher Landon, vinculado al proyecto, también decidió alejarse, dejando a *Scream 7* en una encrucijada creativa. Aunque la película logró mantener su fecha de estreno, programada para este viernes, el episodio dejó al descubierto las fracturas dentro de la industria. Paramount, en asociación con Spyglass Media Group, ha producido las tres últimas entregas de la franquicia, pero ahora enfrenta un escrutinio sin precedentes por su manejo de situaciones políticas y su relación con el talento.
El caso de Barrera no es aislado. En los últimos años, varios actores y creadores han visto cómo sus carreras se ven afectadas tras expresar opiniones sobre conflictos internacionales, especialmente cuando estas chocan con los intereses de grandes corporaciones. La pregunta que queda en el aire es si Hollywood, un espacio que históricamente se ha presentado como bastión de la libertad creativa, está dispuesto a tolerar la disidencia o si, por el contrario, prefiere silenciar las voces que desafían el statu quo. Mientras los fans esperan el estreno de *Scream 7*, la polémica sigue resonando, recordando que, en la era de las redes sociales y la polarización global, el cine ya no puede escapar de los debates que sacuden al mundo.














































































































































































































































