Arévalo exige a EE.UU. transparencia en proceso judicial ante la Corte Internacional

Guatemala vive días cruciales para su sistema de justicia. El presidente Bernardo Arévalo reveló este martes que su gobierno mantiene conversaciones con autoridades estadounidenses tras recibir información preocupante: la embajada de Estados Unidos en el país estaría presionando para que se elijan como magistrados de la Corte de Constitucionalidad a candidatos con cuestionamientos éticos. Entre los nombres señalados destaca el de Roberto Molina Barreto, actual magistrado constitucional cuyos fallos, según críticos, han beneficiado a narcotraficantes y pandilleros. Molina Barreto también fue candidato a vicepresidente en la fórmula encabezada por Zury Ríos, hija del fallecido dictador José Efraín Ríos Montt.

En un llamado urgente, Arévalo instó a la Corte Suprema de Justicia y a los diputados del Congreso a votar “con responsabilidad y dignidad” para poner fin a la corrupción y al crimen organizado que, según denuncia, han infiltrado las instituciones judiciales. El mandatario advirtió que la elección de magistrados no debe convertirse en un nuevo episodio de impunidad, sino en una oportunidad para restaurar la confianza en el Estado de derecho.

El Congreso tiene previsto votar este martes a los magistrados que lo representarán en la Corte de Constitucionalidad, un órgano clave cuyas decisiones son inapelables y carecen de mecanismos de control. Sin embargo, el proceso ha estado marcado por la polémica. Varios diputados de derecha, algunos de ellos sancionados internacionalmente por corrupción, han sido señalados por intentar manipular las designaciones. Este año no solo se renuevan los diez magistrados titulares y suplentes de la Corte de Constitucionalidad, sino también el fiscal general, cinco jueces del Tribunal Supremo Electoral y otros cargos estratégicos. Pero son los cambios en la Corte Constitucional y en la Fiscalía General los que han generado mayor alarma entre organismos internacionales.

Tanto la Organización de Estados Americanos (OEA) como la Unión Europea han desplegado misiones de observación para monitorear el proceso, exigiendo transparencia y la selección de candidatos idóneos. La Corte de Constitucionalidad, como máxima instancia judicial, tiene un poder casi absoluto: sus resoluciones no admiten recurso alguno, lo que la convierte en un blanco atractivo para intereses oscuros. Según la Constitución guatemalteca, los magistrados deben ser electos por representantes del presidente, la Corte Suprema, el Congreso, la Universidad de San Carlos y otros sectores, pero en la práctica, el proceso ha estado plagado de irregularidades.

Mientras tanto, la Corte Suprema de Justicia anunció este martes la reelección de Dina Ochoa y Claudia Elizabeth Paniagua Pérez como magistradas titular y suplente, respectivamente. Ambas ya ocupaban esos cargos, pero su designación no ha estado exenta de controversia. Ochoa, en particular, ha sido criticada por oponerse a la permanencia de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), un organismo de la ONU que investigó redes de corrupción en el país. Además, falló a favor de permitir que un juez cancelara la inscripción del partido que llevó a Arévalo al poder, una decisión que muchos interpretaron como un intento de bloquear su ascenso.

El escenario actual refleja la profunda crisis institucional que atraviesa Guatemala. La elección de los nuevos magistrados no solo definirá el rumbo de la justicia en los próximos años, sino también la capacidad del país para combatir la impunidad y el crimen organizado. Mientras la comunidad internacional observa con atención, la sociedad guatemalteca espera que esta vez, a diferencia de ocasiones anteriores, los intereses políticos y económicos no prevalezcan sobre el bien común. El tiempo dirá si el Congreso está a la altura del desafío o si, una vez más, la corrupción saldrá victoriosa.

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