Asesinan a valiente madre buscadora en su lucha por la justicia

El sol apenas comenzaba a iluminar las calles de Mazatlán cuando la noticia sacudió a la comunidad: Rubí Patricia Gómez-Tagle, madre incansable y activista por los desaparecidos, había sido asesinada. La Fiscalía General del Estado de Sinaloa confirmó el crimen, que ocurrió en un contexto de alta tensión política, justo durante la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a la entidad. Las autoridades estatales aseguraron que ya investigan el caso, pero para los colectivos de búsqueda, este homicidio no es solo un acto de violencia más, sino un mensaje claro: la impunidad sigue reinando.

Rubí Patricia, de 38 años, era una figura clave en el colectivo *Corazones Unidos*, un grupo de madres y familiares que, como ella, han convertido el dolor en lucha. Su hijo, Édgar Daniel López Gómez-Tagle, desapareció el 29 de mayo de 2025, y desde entonces, ella no dejó de buscarlo. Su voz se volvió un referente en la región, un símbolo de resistencia en un país donde la desaparición forzada sigue siendo una herida abierta. Ese mismo día, tenía previsto acudir a la Fiscalía para participar en una diligencia relacionada con la búsqueda de su hijo, pero nunca llegó.

El asesinato ha encendido las alarmas entre los colectivos de búsqueda, que lo interpretan como un “desafío directo al Estado”. En un comunicado difundido horas después del crimen, denunciaron que este tipo de actos buscan silenciar a quienes exigen justicia. “No nos van a callar”, advirtieron, mientras recordaban que en México, ser buscadora es sinónimo de riesgo. Las cifras son elocuentes: según datos oficiales, en el país hay más de 110 mil personas desaparecidas, y Sinaloa no es la excepción. Solo en 2024, la entidad registró más de 500 casos, muchos de ellos sin resolución.

La visita de la presidenta Sheinbaum a Sinaloa, precisamente en esos días, añadió un matiz político al caso. Aunque las autoridades insistieron en que el crimen no quedará impune, los familiares de desaparecidos exigen acciones concretas, no solo declaraciones. “No queremos más promesas, queremos resultados”, dijo una integrante de *Corazones Unidos* durante una protesta frente a la Fiscalía. La indignación crece, pero también la determinación: si algo ha demostrado la lucha de Rubí Patricia es que, incluso en la oscuridad, hay quienes se niegan a rendirse.

Su historia, como la de tantas otras madres, es un recordatorio doloroso de que en México la justicia sigue siendo un privilegio, no un derecho. Mientras las autoridades avanzan en las investigaciones —o al menos eso prometen—, los colectivos ya preparan una marcha para exigir respuestas. Porque en un país donde los desaparecidos se cuentan por miles, el silencio no es una opción. Rubí Patricia lo sabía, y por eso su voz, ahora apagada, resuena más fuerte que nunca.

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